Grupo de Trabajo de Mamás, Papás y Bebés

TODOS LOS LUNES 

Con este grupo lo que vamos a vivenciar es como cada uno puede ejercer su rol individualmente desde el respeto, la confianza y la seguridad que el grupo le aporta.

Son tres los pilares en los que nos centramos para la educación de esta edad temprana. 

En este grupo creamos un espacio de seguridad y confianza en el que el niño y la niña pueden desarrollar su autonomía física y emocional desde la calma. No hay prisa por adelantar procesos, sino que el respeto del ritmo de cada uno hace que puedan tener aprendizajes significativos y vivencias emocionales que le permitan autoconocerse y aprender, a partir del sostén del adulto, a gestionar esas emociones que experimenta. Una infancia sin prisa significa una infancia sana; en la sociedad en la que nos ha tocado vivir es bastante complejo poder dedicar todo el tiempo que requiere el menor, por ello en este espacio creamos un ambiente independiente que da soporte a esas necesidades de la infancia. 

El niño y la niña conocen el mundo a través de los sentidos. Todas las vivencias que experimentan parten del cuerpo, de modo que es primordial dejarles explorar con él. Es a partir de los sentidos desde donde se crean las bases para relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. Desde nuestra visión estamos muy concienciados con la importancia de la integración sensorial, de forma que cada vez pasaremos más tiempo en el exterior. El contacto con la naturaleza es lo que va hacer que la integración sensorial se despierte y se potencie; el olor de la lluvia, de las flores, el tocar la tierra mojada, los colores del otoño, caminar sobre la hierba… Todas ellas son experiencias sensoriales que conectan al niño consigo mismo. 

Debemos entender que la infancia es movimiento; niños y niñas necesitan subir, bajar, saltar, trepar, gatear, correr, etc. No existe un desarrollo motor sin un trabajo físico; en estas edades el cerebro todavía no está maduro para el desarrollo cognitivo, eso vendrá una vez que se ha desarrollado el movimiento libre, el cual potenciará las conexiones neuronales necesarias para que le cerebro trabaje de forma natural. No hay infancia sin movimiento, por eso no comprendemos como cada vez se les pide a los niños y niñas que pasen horas y horas sentados prestando atención o pegados a una pantalla. 

Con este grupo queremos acompañar e ir poco a poco adquiriendo conocimientos sobre el desarrollo y evolución del niño en sus primeros tres años y además encontrar la forma en que estos se pueden aplicar convenientemente para la vida futura del niño. Nos detendremos en las tres capacidades que el niño adquiere, la primera que es erguirse y andar, y se madura durante el primer año.

La segunda que es el habla se prepara durante el embarazo a través de la capacidad auditiva del feto, pero su desarrollo presupone la posición erguida y el andar. A partir de estas dos comienza a desarrollarse la capacidad del pensar. Estos procesos no se deben acelerar, hay que darles el tiempo necesario para que maduren. Rudolf Steiner citó en varias ocasiones que las medidas pedagógicas equivocadas en la infancia del niño, pueden desembocar en predisposiciones a ciertas enfermedades al llegar a adultos. 

También veremos la importancia que tiene  la imitación y el juego en el niño; y cómo tanto padres, madres y maestros  ayudan en su formación. Sin un adulto al que imitar, el niño no puede adquirir el lenguaje y, sin el juego, es difícil que el niño se conozca y se eduque. 

Es interesante también conocer las condiciones que debe tener el jardín de infancia donde llevaremos a nuestros hijos, la colaboración con los padres, los maestros, médicos, etc…

Temas que iremos viendo a lo largo de las semanas los lunes durante una hora y media.

 

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